información

información

domingo, 8 de febrero de 2015


Neguri desembarca en Madrid
Extracto de La Silueta de Madrid, próxima publicación (2ª version 2015)


La oligarquía financiera vasca desembarca en Madrid:  La Gran Via, el Titanic y el Metro.

     Pero vamos a ver cómo para la apropiación de la ciudad se unen  tradición y especulación para realizar  grandes transformaciones urbanas. Es el caso de la apertura de la Gran Vía (1899), la construcción del metro y la urbanización Reina Victoria, importantes obras que modificarán  la estructura morfológica y social de Madrid a comienzos del siglo XX. 
     La Gran Vía se traza sobre el antiguo tejido urbano de la ciudad, con proyecto realizado desde el Ayuntamiento por los arquitectos  J. L. Salaberry (en 1889 se presenta el proyecto)[i] y Octavio Palacios cuya finalidad, entre otros objetivos, era el enlace de las estaciones ferroviarias y el saneamiento del centro de la ciudad. En realidad fue, sobre todo, una operación de especulación urbana de gran envergadura. Y como decimos en otro lugar, el trazado de la Gran Vía, fue una gran operación especulativa, escenografiada con fachadas de melancolías regionalistas y que abrió en “canal” el tejido tradicional madrileño
     Los nuevos edificios que se van construyendo  irrumpen con fuerza sobre la silueta de Madrid. Se exhibirán estilos regionales en cuya coronación se alzan alegorías y casticismos representativos de un momento de recuperación de símbolos que equilibren la frustración de la reciente pérdida de las colonias. Parece tratarse de enarbolar un estilo arquitectónico de una virtual exaltación nacional.  Pero la exaltación de estilos no puede ocultar la desmesura del volumen de las construcciones, la amplitud de las expropiaciones, la expulsión de los residentes y la transformación del tejido de la ciudad tradicional. Bajo el casticismo se encuentra una apropiación del centro de la ciudad por grupos hegemónicos cuyo interés directo es la especulación; no es extraño que arquitectos estudiosos de la tradición arquitectónica, como LeopoldoTorres Balbás, denunciaran esta intervención urbana. IMÁGENES
     El grupo financiero más influyente de la época que intervino en Madrid procedía de la oligarquía vasca residente en Neguri, que alcanzará su máximo esplendor con el beneficio obtenido con el comercio del hierro en el periodo de la primera guerra mundial y que invertirá en grandes operaciones de infraestructuras e inmobiliarias en Madrid y Barcelona.
     Este es el caso madrileño donde  el empresario Horacio Echevarrieta, dueño de minas de hierro, cementeras y astilleros, construyó infraestructuras urbanas como el  metro de Barcelona (1920) y fue el concesionario y constructor de la Gran Vía madrileña, sustituyendo (1922) al banquero francés Albert Silver.  
     Pasado el tiempo, en el primer tercio del siglo XX, otros edificios denotarán, sin embargo,  la influencia norteamericana, como el edificio Telefónica, obra de Ignacio de Cárdenas (1925-1929) que fue un hito de altura y tecnología durante mucho tiempo. Otros siguen, lejos del tradicionalismo, las tendencias del Movimiento Moderno como el afilado edificio Capitol  (1931-1933) de avanzada tecnología y materiales para la época. También se construye el viaducto de la calle Segovia, importante obra de ingeniería de F. J. Ferrero y J. J. Aracil, que resultará un acertado zócalo a la arquitectura madrileña en el paisaje de la cornisa del Manzanares.
     Coincidiendo en el tiempo y de la misma procedencia vasca es el  caso de los ingenieros Miguel Otamendi, Carlos Mendoza Sáez de Argandoña y González Echarte que construyen el metro de Madrid y, en consecuencia, revalorizaron un importante extrarradio de Madrid para inmediatamente construir sobre él la urbanización de Reina Victoria de mano de La Compañía Metropolitana que ellos mismos fundaron.
     Es en 1913 cuando el Banco de Vizcaya, en pleno auge y en vísperas de la primera contienda mundial, apoya y financia la creación de la Compañía Metropolitana. A partir de entonces sus actividades son continuas: en 1919 construyen el metro (se inaugura en 1921 la línea Sol Cuatro Caminos) y son titulares de la Compañía eléctrica suministradora de energía, entre otras, precisamente, al metro madrileño; en 1920 están construyendo el entonces gigantesco Titanic y la urbanización Reina Victoria y en 1923 se inaugura el estadio Metropolitano. La zona, hasta ese momento con un carácter rural, se urbaniza y construye en base a edificios de gran volumen y densidad y de viviendas unifamiliares destinadas a familias procedentes del País Vasco y que los arquitectos cuidaran de diseñarlas con un estilo rural vasco al modo del tradicional caserío.
     Es, como decimos, un verdadero desembarco del capital financiero vasco en la ciudad de Madrid. El objetivo fundamental es la obtención de beneficios económicos cuidando, también, estrechar lazos con la oligarquía vinculada a la administración central y a las clases políticas de los más diversos signos.
Será en Madrid, donde, por vez primera[ii](1853),  el maestro Iparaguirre  interpreta el Gernikako Arbola. Años después los círculos vascos en Madrid habían extendido su influencia. No lejos se construyeron varios frontones[iii] como el frontón Central (1899 Plaza del Carmen) o ya más tarde el Frontón Madrid (1929, Tirso de Molina). También se conocen los episodios de Horacio Echevarrieta, constructor de la Gran Vía como hemos visto, protegido de su amigo Indalecio Prieto y cómo su gestionó la liberación de las tropas españolas presas en Marruecos o de sus actividades empresariales ya en la posguerra civil
     Nos hemos entretenido en estos episodios porque queremos ilustrar cómo estos grupos hegemónicos sobrepasan estilos arquitectónicos, ámbitos regionales, ideologías políticas y relaciones sociales siempre para desarrollar o defender prioritariamente sus propios intereses económicos. Veremos en capítulos siguientes, cómo también traspasarán el tiempo actuando de igual forma en situaciones históricas y políticas antagónicas.




[i] En 1910 inauguración oficial del comienzo de obras
[ii] En el año 1853 en el Café San Luis
[iii] frontón Beti Jai (1893) o Euskal Jai (1893 Salesas), El frontón Central (1899 Plaza del Carmen) o ya más tarde el Frontón Madrid (1929) (Tirso de Molina).